Cuando éramos niños

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Queríamos tener todos los superpoderes y construíamos con sábanas y almohadas nuestros propios fuertes de guerra. Cualquier objeto en casa podía transformarse en múltiples herramientas, dependiendo del juego que eligiéramos; y por un momento olvidábamos que se trataba de un juego, sentíamos que todo era real.

Todos eran nuestros amigos, bastaba con una sonrisa y un “hola” para pasar el resto de la tarde jugando con un niño que apenas conocíamos. Quedábamos con las mejillas rojas y los zapatos sucios, con el cabello despeinado y la ropa hecha un desastre, y realmente no importaba, porque nos habíamos divertido enormemente.

Lo más simple nos asombraba y hacíamos preguntas sobre cada cosa que nos resultaba curiosa. Creíamos en seres mágicos y criaturas extrañas, también en fantasmas y esta era la excusa perfecta para dormir acurrucaditos con nuestros padres. Comíamos golosinas cada que teníamos oportunidad y las travesuras no podían faltar.

No teníamos idea de todas las responsabilidades que vendrían al pasar el tiempo, y que estas mismas harían que olvidáramos lo maravilloso que es vivir. En algún momento comenzamos a desear ser mayores, ignorando que estábamos en una de las etapas más hermosas, siendo realmente felices sin saberlo.

Poco a poco comenzamos a notar que todo estaba lleno de defectos, que las cosas no eran tan fáciles como alguna vez creímos. Descubrimos lo que era tropezar en la vida y que no se arreglaba con que mamá acariciara nuestras rodillas. Vimos que había muchas personas que no creerían en nuestros sueños como lo hacíamos nosotros, y que ya no era tan fácil hacer amigos como alguna vez lo fue.

Pero ¿qué pasó?, simplemente era parte de crecer o el resto de las personas metieron esas ideas en nuestra cabeza. Sea cual sea la respuesta, siempre habrá manera de lograr ver las cosas de una forma diferente. Nunca estará de más brindar una sonrisa a un desconocido, dedicar una tarde para las personas que amamos comiendo chatarra y diciendo tonterías, permitir que la naturaleza nos asombre y mostrarnos curiosos a todo lo que nos rodea.

No permitamos que la rutina nos haga olvidar que somos felices con lo que tenemos: vida.

Escrito por: Mayeli Tellez