¡Quiéreme tal como soy!

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De niña era feliz en mi casa, con mis padres, vecinos y amigos. Salía a donde quisiera sin ningún problema y pensaba lo que quisiera sin remordimiento. Pero cuando fui creciendo todo fue cambiando, me di cuenta que ya todos no me veían de la misma forma que antes. Yo me preguntaba ¿Por qué me miran así? ¿Por qué se burlan de mí?

Mientras pasaba el tiempo era peor la situación. Un día cuando ya era insoportable, les pregunte a mis padres ¿Por qué los demás se burlan de mí? ¿Por qué me señalan? Y ellos muy amorosamente me dijeron que esas personas eran malas y les gustaba reírse de la gente. Esta noticia creo un rencor en mi corazón, una amargura muy grande. Ahora cuando miraba a la gente lo hacia con desprecio. Y cuando se reían de mi solo pensaba en escapar y en salir corriendo.

Al pasar un poco de tiempo, estando en el colegio, decidí no huir mas y enfrentar esta burla, quería saber el por qué se burlaban de mi. Hasta que paso nuevamente, pero ahí estaba yo parada firme y fuerte, tragando la vergüenza. Una niña exclamo en voz alta por lo que había huido por años ¡Niña, que grande eres! ¡Eres muy gorda! ¡Eres fea! ¡Nadie te quiere!. Yo me quede paralizada, fría, sin expresar ningún tipo de sentimiento en ese momento.

Esa niña solo me dijo eso y luego siguió caminando como si no hubiese pasado nada, como que sus palabras no tuviesen ningún valor, y sin darse cuenta del daño tan grande que estaba produciendo en mí.

A medida que fui creciendo, esas palabras retumbaban en mi corazón. Hasta el día de hoy. Me siento como esa pequeña niña indefensa que necesita que la defiendan, que le digan que es hermosa, no importando como se vea por fuera, sino que lo más importante es su interior.

Le doy gracias a Dios por poner en mi camino a un hombre maravilloso, no digo que es perfecto porque no creo que exista un hombre así, pero gracias a este tipo de vida que tuve pude entender que no se trata de lo exterior, sino de lo que hay en el corazón, de la esencia de tu ser.

El me ama tal como soy y eso me basta. Nunca me exigió nada, ni me quiso cambiar. Respetó mi forma de ser y lo mejor de todo es que con él comprendí que no importa como seamos, debemos valorar a las personas como son.