Sola en un café – microrrelato

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-El café cargado y con una cucharada de azúcar, por favor- dijo, mientras miraba fijamente al mesero. Nunca había ido sola a un café y eso la atemorizaba un poco, pero aquella mañana se había decidido a intentar muchas cosas que no había hecho antes. Comenzó a jugar con el borde de una servilleta mientras esperaba, y después giro su cabeza hacia la ventana -¿Qué rayos hago aquí?- pensó -parecerá que me han dejado plantada. Quizá la idea de quedarme en casa era mejor-

Era mediodía del sábado y regularmente aprovechaba para ordenar su habitación, resolver algunos deberes o dormir toda la tarde hasta perder noción del tiempo. Pero ese día no quiso esperar a que se armara algún plan con sus amigas o darse cuenta de que se sentía vacía al caer la noche. Ya llevaba algunas semanas pensando en cambiar algo, aunque no sabía qué; no es fácil encontrar la raíz del problema cuando estas muy enredado entre las ramas.

-A ver, tranquila- se dijo -estás aquí para ordenar tus ideas, para consentirte un poco y vencer este tipo de absurdos miedos-. El reflejo del mesero en el cristal la hizo salir de sus pensamientos y giró hacia su café ya en la mesa. -¿Espera a alguien, señorita?- preguntó él. Ella negó con la cabeza mientras daba un sorbo -Vine a despejarme un momento, a veces hace falta-. El mesero la miró por unos segundos y dijo -he visto a algunas personas llegar solas aquí, pero generalmente es entre semana y sólo pasan rápidamente en busca de algún bocadillo para luego continuar con la rutina- entonces se marchó.

Ella continúo tomando su café mientras miraba por la ventana y se detuvo en la última palabra que mencionó el mesero -Rutina… claro- y su mente comenzó a divagar mientras su mirada se llenaba de autos deteniéndose en el semáforo de la esquina, de pasos apresurados recorriendo las banquetas, de rostros desconocidos llenos de historias y atrapados por ella, por la rutina. La rutina que a veces nos hace olvidar quiénes somos y qué queremos, qué merecemos y de qué somos capaces.

Entonces intentó recordar la última vez en que se había dedicado tiempo a sí misma, tiempo de verdad, así fuesen un par de horas. ¿Cuándo fue la última que se detuvo en el espejo y se brindó un cumplido? ¿Cuándo fue la última vez en que no necesitó de nadie para pasar una tarde agradable? ¿Cuándo fue la última vez en que la rutina no le hizo olvidar los pequeños detalles que sacan mil sonrisas?

Los minutos pasaron veloces y era como si su café se hubiese evaporado. Los pensamientos inundaron su cabeza e iban tomando forma. -Para la otra, tendré que traer un lápiz y un cuaderno- pensó, y después se asombró al darse cuenta de que el miedo se había ido e incluso se sentía muy cómoda. -¿Pasará igual con todos los temores?- se preguntó, y de pronto se sintió ansiosa por vencer a todos y cada uno de ellos. El mesero se acercó para preguntarle si deseaba algo más -La cuenta, por favor-. Al volver, el mesero le preguntó -¿Y qué tal señorita? ¿logró despejarse?-  ella le respondió con una sonrisa

-Planear una cita con uno mismo, es muy necesario de vez en cuando. Debería intentarlo, se asombrará.

Escrito por: Mayeli Tellez