¡Brilla con luz propia!

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Mi madre siempre me decía que era hermosa, que era una chica muy inteligente. Yo amaba los estudios, salir con mis amigos. Era de las chicas que disfrutaba estar rodeada de personas. Podría decir que le temía a la soledad. Estaba consiente de eso y por eso gozaba de muchos amigos.

Mis amigos decían que sin mi las fiestas y reuniones eran aburridas, pues me encantaba bailar y hacer tonterías para alegrar la fiesta. Me encantaba ser el centro de atención de mis amigos.

En una de estas fiestas divertidas conocí a un chico muy fanfarrón. Parecía que el era la versión masculina de mi, teníamos tanto en común. Inmediatamente nuestros temperamentos extrovertidos explotaron en una conversación muy alegre e interesante. No parábamos de reír.

No paso mucho tiempo cuando nos hicimos novios. Y ¿Cómo no juntarnos? Si éramos como dos gotas de aguas que se encontraban en un mar tan grande. Pero yo ignore lo que decían mis amigos “los signos iguales se repelen” ellos estaban asombrados de cómo a mi me interesaría un chico así si éramos muy parecidos, no tenia sentido para ellos.

Muchas veces me dijeron “ya no tardan en pelear, ya la veo llorando acá en mis hombros” mis amigos conocían de él que era de carácter muy fuerte y posesivo, solo que tenia su lado divertido que es el que mostraba casi siempre y era el que yo conocía.

Pero al pasar un poco de tiempo no tardo en mostrar su otra faceta. Ahora parecía que lo que nos divertía era un pecado mortal, que lo que para mi era bueno para él era malo. Ya no podía ir a las fiestas y divertirme como antes, no podía separarme de su lado porque sino seria un problema.

No podía dar chistes porque sino los demás me verían como una chica fácil. No podía estar con mis amigos porque ya yo le pertenecía a él. y esto no era todo. Cuando se disgustaba conmigo me decía cosas muy feas, cosas que denigraban mi vida, y obviamente ninguna de ellas era cierta.

Esos tiempos fueron difíciles para mi porque llegue a creerlas y a estar bajo su dominio. No tenia fuerzas para enfrentar esa situación, a pesar de que mis amigos me instaban a dejarlo. Me tenía dominada y él solo quería ser el que brillaba, una competencia inmadura conmigo. Se dejo llevar por un deseo infantil que por lo que sentía por mi si es que había algo bueno que sintiera por mi.

Ahora me doy cuenta que no debo apagar mi espíritu por ninguna persona. Debo conocer quien soy y para que estoy en este mundo. Todos somos un rayo de luz que nadie debe apagar. Los que están heridos deben sanar y brillar por su luz propia.