Mi reserva de amor será para alguien que verdaderamente me merezca

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Cuando entendemos quienes somos no hay nada que nos haga titubear. El amor no se puede disfrazar, el amor solo tiene una cara. El engaño si lo puedes mirar de muchas formas y en muchos hombres.

Cuando somos engañadas muchas veces, nuestro corazón llega a un estado en el que se cierra, y para poder abrirlo cuesta demasiado. La desconfianza, el dolor, la amargura se apodera de nuestra vida haciendo que dejemos de sonreír y poder disfrutar de lo hermoso del amor.

He concluido que el amor es una fuerza poderosa por el cual todos debemos luchar. Después de haber sufrido engaños, decepciones y haber rehabilitado mi corazón estoy lista para recibir lo que se define como amor.

Esperaré por aquel que me haga sentir la única mujer que existe en todo el planeta, por aquél que me haga desvelar en las noches de suspiro al solo imaginarle, por aquél que se atreva a dar cada segundo de su vida por demostrarme cuanto me ama, y no me refiero a detalles y regalos, sino de sacrificios y entrega.

Ese hombre que me diga que me extraña pero que a la vez no vea la hora en que amanezca y aparezca en la puerta de mi casa para solo verme y darme un beso o si las circunstancias los permiten que pueda quedarse conmigo toda la noche y demostrarme lo que siente por mí, no solo con palabras, sino con pasión.

Espero por ese amor, ya no por un hombre, sino por lo que él me pueda ofrecer. Hasta donde él esté dispuesto a ceder por mí. Solo ese amor valdrá la pena esperar, solo ese amor paciente e íntegro.

El amor que he reservado para él es un amor puro, un amor que no es mezquino, un amor que lo dará todo sin reservas ni condiciones. Porque mis caídas me hicieron levantarme con más fuerza y reconocer que yo valgo mucho, que me merezco la misma intensidad con la que yo amo. El mismo sacrificio con el que yo me doy por él.

Solo hacen falta dos personas con el mismo deseo de amar para que resulte un final feliz. Dos personas con corazones dispuestos a hacer feliz a su pareja sin nada que los detenga. Ni una mala circunstancia puede detener cuando hay amor verdadero y sincero.