No nací siendo fuerte, la vida me enseñó a serlo

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Digamos que era una chica de temperamento dócil, todos concordaban cuando me conocían y me decían “Ay, tu si eres cariñosa, dócil, tranquila”. Podía decir que me sobraban amigos, y siempre estaba rodeada de personas.

Todo parecía marchar bien, a la mayoría de las personas les gustaría estar rodeadas de personas y no sentirse sola. Pero el problema de todo era que siempre estas personas llamadas “amigas” siempre me traicionaban de alguna forma. Yo entregaba mi sinceridad, mi transparencia pero parece que eso no bastaba o que mientras más buena era peor me pagaban.

Esto se repetía una y otra vez, yo me preguntaba, si acaso el querer hacer lo bueno ¿Siempre iba a resultar siendo algo malo para mí? Pues ¡Me canse!

¡Sí!, me canse de ser el trapo de todos… ¿Ahora se van a quejar de cómo me expreso? ¿Cómo actúo?, en verdad ya nada me importa, lo que realmente importa es mi vida, mi libertad de decir lo que pienso, de hacer lo que yo quiero y no lo que los demás quieran. ¿De hacer algo porque él o ella se va a sentir bien o mal? Pues ¡No! Llego mí hora, la hora de ser yo la protagonista de mi vida.

Parece repetitivo cuando te dicen que se aprende de los golpes de la vida, pero hasta que no experimentas no lo crees. Antes pensaba que esto era para la gente terca e indisciplinada, pero ¡No amiga! Esto me tocó a mí, yo que pensaba que todo en la vida era color rosa, hasta que abusaron de mi buena fe, pero como sabemos, todo tiene un límite y pues mi limite llego a su máximo.

No me dejare pisar por nadie más, ¿Qué ahora me ven fuerte? ¡Si, así es! Y no solo me ven, así lo soy, cada quien pasa por encima del otro sin preguntar, no digo que igual lo haré porque aún me queda conciencia, solo digo que ya no extenderé mi mano a levantar a nadie, muchas veces lo hice y el resultado fue que me arrastraron con ellos al piso.

Ya no seré esa chica ingenua que lo creía todo, mi fortaleza viene de mi mente, de mi interior y no de mis emociones que eran las que me hacían flaquear. Ahora sé quién soy, a donde voy y qué es lo que quiero en la vida. No me apego a las cosas, solo las disfruto hasta que ya no pueda más y sigo con lo próximo.

Hoy me siento fuerte, llena de coraje, comprendo que la vida me da otra oportunidad de vivir diferente, con otro ojo. Gracias a las circunstancias del pasado puedo levantarme más fuerte de cualquier caída, puedo secar mis lágrimas y seguir adelante sin que nada ni nadie me detenga de mi objetivo.

Comprendí que todo se trata de la fuerza de nuestro interior, que ser una mujer fuerte no quiere decir que me comporte poco afeminada, ser fuerte quiere decir que a pesar de las circunstancias adversas yo pueda resistir y tener la capacidad de comenzar de nuevo y aun si llegase a caer me pueda levantar sabiendo que la vida no llega hasta ahí, más bien que es un inicio para retomar aquello que había perdido.