Fue tan breve lo que tuvimos que hasta una estrella fugaz nos vio y sintió compasión

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¿Qué somos?, quisiera al menos tener una respuesta segura pero en cambio tengo mil que al final de cuentas me dejan con más dudas. Sé que fuimos algo, lo sé porque lo sentí, pero no logro deducir si fuimos cuestión de tiempo, de coraje, de agallas, si fuimos momentos, memorias o quizás una mezcla de todo un poco. Lo triste es que hoy, ya no somos nada, excepto el recuerdo de un breve relato que pudo ser una gran historia.
Me aventuré sin miedo alguno, es lo que siempre suelo hacer cuando algo me importa más de lo que debería, no importa que la suerte no esté de mi lado y que no haya probabilidad alguna a mi favor, sí, así soy yo; arriesgada, atrevida, siempre apostando todo en nombre del amor.
Recuerdo perfectamente el día que lo conocí, si soy sincera no esperaba que entrara en mi vida pero me tomó desprevenida y como un peligroso huracán que no ves venir, arrasó con todo a su paso al tocar tierra.
Antes de que él llegara a mi vida vivía entre lo blanco y lo negro, sin colores, sin emociones. Me encontraba perdida en mis sueños o más bien, en mis pesadillas. Solía pasar los días en soledad sin querer la compañía de alguien más, el hecho de saber que existen personas que solamente entran a tu mundo para herirte con facilidad, me abstenía de relacionarme. Lo que me llevó a construir una gigantesca muralla para que nadie pudiera entrar, nadie.


“Vivir en soledad no está nada mal”, lo repetía en mi mente una y otra vez, el hecho de no mostrar emociones, reservarme todo para mí misma y no abrirme para nadie para no sentir nada ni salir lastimada, era lo mejor. Alejarme del mundo del amor y jamás volver a enamorarme, esa era la promesa que me había hecho a mí misma. Demasiadas decepciones te terminan dejando arisca.
Pero como un terrible terremoto o un peligroso huracán, llegó aquel día entrando a mi vida sin avisar. Con esa mirada perfecta y esa sonrisa encantadora, mi mundo gris se convirtió en multicolor. No tuvo dificultad para derribar esos gigantescos muros que había construido para protegerme del mundo y así sin más entró con facilidad, no es que haya puesto demasiada resistencia, dejé que llegara tan lejos como nadie lo había hecho antes. Todo aquello que había construido y que me había prometido, se desmoronó fácil. Sus besos, sus caricias y su calor al abrazarme con tanto cariño, terminaron convirtiéndose en lo que no sabía que necesitaba y, a decir verdad, me encantaba.
Todo lo que demostró al llegar me dio el valor de animarme a entregarle mi corazón, lo puse en sus manos pensando que habría de cuidarlo bien, me arriesgué y me entregué como jamás lo había hecho, quería ser feliz, quería hacerlo feliz, algo en mi interior me gritaba que valía la pena. Me sentía en la cima, como una persona nueva, no le temía a nada, sentía que podía volar pero al poco tiempo mi caída fue fatal, no lo vi venir, no estaba protegida y fue peor mi herida.
Cada noche, cada día de mi jodida vida me preguntaré ¿qué pasó?, y aunque siento odiarlo, la verdad es que al mismo tiempo aun lo amo, lo amo con todas mis fuerzas y desde lo más profundo de mi corazón. Puede ser confuso, pero yo sé que algún día entenderé aquello que dicen que las personas llegan a tu vida por alguna razón. Yo sé que él llegó a mi vida para mostrarme que tengo la capacidad de amar a otro ser, por ahora me es muy difícil asimilar que él ya no está y que nuestro destino no es estar juntos.
Lo sigo extrañando pero por desgracia eso no lo traerá de vuelta, lo sé, fue esa pequeña luz que le hacía tanta falta a mi oscuridad. Me enseñó a volar y me mostró otros mundos que jamás me hubiera animado a explorar yo sola, eso es algo que le agradeceré siempre.
Fue un amor efímero pero inolvidable y siempre estaré eternamente agradecida por cada sonrisa, por cada latido de mi corazón que me recordó cuán viva estoy, créeme, valió cada segundo, ¡gracias!

Escrito por: Stepha Salcas

© ᴅᴇʀᴇᴄʜᴏs ʀᴇsᴇʀᴠᴀᴅᴏs

LIBRO A LA VENTA ¨LA VIEJONA AGRIA: AMAR EN TIEMPOS DE COBARDÍA¨.