Después de mil tormentas llegó mi calma… llegaste tú

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No han pasado años, solo algunos meses desde que lo conocí. Y aun así no recuerdo lo que era mi vida antes de él.

Todo lo que soy y lo que no soy, todo en lo que me he convertido ha sido por él. Toda mi estructura fragmentada y mi corazón roto en mil pedazos se han regenerado por él.

No recuerdo donde empiezo y dónde acaba él o viceversa. Hoy solo sé que le pertenezco. Ni siquiera puedo recordar quién era yo antes de él. Sólo me recuerdo en un profundo pozo oscuro. Sola y vacía. Pidiendo rescate a sabiendas de que por más que gritara nadie me escucharía. Me recuerdo quizás sosteniendo pedazos de mi historia en una mano y en la otra ilusiones fallidas, rotas, tan o más rotas que mi corazón.

Aparece él. Inesperadamente. Sorpresivamente. Con su encanto y su nobleza. Con esa chispa de diversión en sus pláticas. Con esa fe y nobleza a flor de piel. La caballerosidad que todas deseamos encontrar pero que pocos poseen ya.

Aparece arrasando con todo lo malo a su paso. Iluminando aquel maldito pozo que me consumía en la soledad. Aparece con su gran sonrisa. Con palabras gentiles y sus tiernos detalles.

Con los días me saca de donde me encontraba. Me muestra otro mundo. Me hace comprender los días. El tiempo. La vida. Me hace valorar. Valorarme. Vuelvo a creer no sólo en mí. Sino también en alguien más. En él. Ni siquiera puede imaginarse todo lo que ha logrado en mí. El sinfín de colores que me ha enseñado a descubrir y con los que he pintado mi mundo.

No me imagino sin él. No me quiero sin él. No sabría a dónde ir. Me aterroriza perderlo. Perder el maravilloso mundo que ha creado para los dos.

Soy feliz. Tan feliz como nunca antes lo había sido. Hoy la palabra ¨amor¨ tiene el significado que nunca antes le había dado. Hoy despierto y sonrío al recordar que lo tengo conmigo. Que me ama como nadie más lo había hecho.

Y vuelvo a tener seguridad en mi persona. Puedo mirarme al espejo y sonreír. Mirarme y gustarme. Y aunque en repetidas ocasiones me he mostrado insegura, lo cierto es que me basta escucharlo a él para que toda inseguridad pierda su valor.

Que equivocada estuve al pronunciar antes un –te quiero-. Al elegir a personas erradas que al final sólo me llevaron a sumergirme en aquel pozo. Y aun así, de nada me arrepiento. Porque repasando lo poco que recuerdo de mi pasado llego a la conclusión de que lo vivido tuvo que suceder para llegar a él. O él a mí. No lo sé. Pero me salvó. Me sanó y me ha cuidado todo este tiempo, incluso de mi misma. Soy tan afortunada de que me haya elegido. Soy tan afortunada de que una y otra vez decidiera quedarse conmigo a pesar de mis fallos, de mis miedos y de las tontas pruebas que le puse una y otra vez y que al final siempre superó.

Ahora todo mi presente se encuentra estable. No existen más aquellos fantasmas. Mi dicha se la debo netamente a él… mi hombre ideal. Él que sin tocarme me hace sentir como nadie más. Él que sin mirarme me hace suspirar. Él que con su voz eriza cada parte de mi piel. Él que estando tan lejos me hace sentir un amor tan grande, tan puro y tan verdadero, que nadie más ha de tener.

Lo amo, cómo solo él pudo enseñarme… y después de mil tormentas llegó mi calma, llegó él. 

Autor: Stepha Salcas – Diario De Una Bipolar

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