Sin importar si ha de doler, me gusta que me hablen con la verdad

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Creo que a ninguno nos gusta que nos hieran con la mentira, al menos yo prefiero mil veces una verdad que duela y no una mentira que me haga ¨feliz¨ falsamente durante un tiempo determinado y es que tarde o temprano la verdad siempre sale a la luz. ¡No nos engañemos! No existen mentiras piadosas o pequeñas mentiras, todas terminan lastimando de alguna u otra forma y lo mejor es evitarlas.

Considero que nadie tiene derecho a decir por nadie, solamente por uno mismo. Dejemos de justificarnos diciendo ¨te mentí porque no quería lastimarte¨ porque de igual forma con mentir estás lastimando. Cada uno es libre de decidir las verdades que desea enfrentar y considerar el daño que esto conlleva.

Algunas personas tienen la mala práctica de ocultar lo que dicen, piensan o hacen, tal vez porque creen que así evitan hacer daño. Pero la realidad es que no hay nada más lastimoso que la hipocresía, el que te mientan y te oculten algo. Esos actos nos hacen sentir vulnerables e incluso pequeños, nos hace desconfiar de las demás personas porque creemos que todas resultarán igual e inclusive nos crean inseguridad y difícilmente podemos volver a confiar.

«No hay nada en el mundo que lastime más que las mentiras, especialmente de las personas que amas y confías, sus mentiras duelen tanto como tu amor por ellos»

Es cierto que cada que nos lastiman adquirimos experiencia y terminamos levantándonos con más fuerza. Que la mayor parte de nuestro aprendizaje está basado en los sentimientos y emociones, en el sufrir y llorar que otras personas nos generan. Sin embargo, si pudiésemos evitar daños y dolor, seguramente lo haríamos. A veces no es tan necesario resultar heridos para aprender, pero eso no termina de comprender la mayoría de la gente, tal vez porque muchos son bastante egoístas que solo piensan en sí mismos y no en los demás.

Y cuando por fin terminan destruyéndonos y terminamos reconstruyéndonos entendemos cuan cierta es aquella frase que dice que ¨no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo aguante¨. Terminamos por conocernos mejor y nos valoramos más. Llegamos a saber lo fuerte que podemos ser. Y así, cada vez nos es más fácil ponernos de pie cuando nos tumban.

Finalmente, cada uno debe vivir a su manera y no como los demás esperan que lo hagamos. Cada uno debe de ser libre de tomar sus propias decisiones y asumir las consecuencias de sus actos. Estoy firme en la idea de que no hay nada mejor que una persona sincera, porque precisamente ellas son las que más tienen que aportar a nuestra vida. Y aun así muchas personas piensan que alguien sincero carece de educación y tacto para hablar y decir las cosas, que carece de prudencia, tal vez porque la sinceridad puede crear confusión y es que cada uno cuenta los hechos de su versión desde su perspectiva muy personal. Pero cabe mencionar que la sinceridad no es todo aquello que sale de nuestra cabeza, ni aquello que decimos impulsivamente y sin importar el lugar y el momento.

Debemos ser sinceros conectando nuestra lengua con el cerebro para que las palabras que utilicemos sean las más correctas y adecuadas, considerando a quien van dirigidas. La sinceridad no solamente nos hace mejores personas, sino también seres leales e íntegros, dignos de buenas compañías y amistades. Desafortunadamente la sinceridad no es bienvenida por todos, algunos lamentablemente prefieren vivir en una burbuja, soportando una mentira que a la larga solo los terminará lastimando el doble que sabiendo la verdad. Pero finalmente debemos respetar las decisiones de los demás, claro, sin perder nuestra esencia en cuanto a la sinceridad.

¨No podemos tomar decisiones por los demás porque es como hacemos verdadero daño. Un daño que es irreversible y que quebranta las leyes de toda relación sólida y equilibrada¨

Y es que no hay que ignorar el hecho de que mintiendo le quitamos a las personas la posibilidad de manejar su dolor y asumir la lección que le toca aprender. Aunque es tan cierto que a muchos les duele la sinceridad porque están acostumbrados e incluso les gusta vivir en un mundo de mentiras, tal vez por comodidad o por terror a la realidad. Y en realidad el modo de vivir de cada quien es respetable, pero es de admirar una persona sincera que lo es pase lo que pase y le pese a quien le pese.

¨Sin embargo, lo malo de mentir o de ocultar la verdad es que a partir de ahí se ponen en duda mil verdades que rompen la confianza, la seguridad y los sentimientos de amor más potentes¨

Recuerda: la verdad construye mientras que la mentira destruye. Todos y cada uno de nosotros somos capaces de asumir los daños que las mentiras pudieran ocasionarnos, también somos responsables en la elección de ¨verdad o mentira¨, tomando en cuenta que en ambos casos debemos asumir las consecuencias de lo que hemos decidido. Debemos dejar de pensar que la vida es color rosa y optar por ser sinceros siempre, dándole así a las personas que nos rodean la oportunidad de crecer, superando obstáculos y adversidades.

¨En los tratos entre los hombres; la verdad, la sinceridad e integridad son de mayor importancia para la felicidad en la vida¨

Autor: Stepha Salcas – Diario De Una Bipolar

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