El arte de soltar

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No puedo culparnos por ser tan débiles, por ser tan quebrantables y atarnos siempre al pasado. Es parte de nosotros, es parte de la humanidad que guardamos en el pecho aunque a veces queramos desaparecerla. Nadie quiere ser vulnerable, nadie quiere dejarse afectar por las acciones de otros ni tropezar mil veces con la misma piedra por no aprender la lección.

Pero seguimos aquí, fallándonos una y otra vez como si el tiempo no nos estuviera comiendo. Seguimos buscando la felicidad que perdimos y no sabíamos que teníamos. Seguimos husmeando en viejos recuerdos para intentar sentir un poquito de todo aquello que se esfumó y culpamos a la vida por pasar tan veloz.

Nos amarramos a objetos, a momentos y a personas; probablemente este último es el más grave. Depositamos esperanza y sueños en manos ajenas y esperamos a que los cuiden como si también fueran suyos. No seamos egoístas y mucho menos inocentes, nadie tiene el deber de hacernos felices ni la obligación de cuidar nuestra pila de emociones para que no se desplome.

Es tan difícil cerrar los ojos y respirar profundo para exhalar los miedos. Es difícil dar las gracias y cambiar la página con emoción en la mirada. Ni hablar de la dificultad camuflada de decir adiós y de verdad alejarse, sin pensar en volver. Porque nos acostumbramos a aferrarnos a lo ya vivido para no afrontar el futuro difuso. Porque nos aferramos a fracasos pasados para no tener que enfrentar los retos que vienen. ¿En qué nos hemos convertido? pequeños humanos con manos desgastadas por no querer soltar.

Pero no es imposible, porque soltar no es olvidar, sino darnos la oportunidad de seguir adelante con nuevas lecciones aprendidas. Soltar no es fingir que nada ocurrió, sino aceptar los hechos y tomarlos como impulso para alcanzar todo aquello que creímos demasiado lejano. Soltar es la convicción de permitirnos ser verdaderamente libres y demostrarnos que la felicidad siempre estuvo en nosotros y no en el resto que nos rodea.

Probablemente, se trata de todo un proceso que requiere energía y verdaderas ganas. Ganas de descubrir todo aquello que nos falta, de pasear por nuevos caminos y enchinarnos la piel. Ganas de encontrarnos en otras miradas y explotar lo que llevamos dentro. Verdaderas ganas de mandar al carajo todo aquello que nos lastima y soltar… soltarnos.

Porque cuando aprendemos a soltar, en realidad nos estamos dejando volar a nosotros mismos. Y una vez que lo logres, ya no querrás volver atrás.

Escrito por: Mayeli Tellez