¿Dónde queda lo que en realidad somos?

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Dicen que la vida es tan buena maestra que, si no aprendiste la lección, te hace repetirla. Y no cabe duda de que a veces somos nosotros mismos los que no queremos aprender; nos aventamos al lodo una y otra vez, fingiendo que no estamos lo suficientemente llenos de mugre.

Seguimos ahí, intentando lo mismo y de la misma manera, creyendo que “esta vez sí va a funcionar”. Continuamos apretando la venda más y más fuerte para que no se resbale del rostro, para no tener que ver que la mejor solución es dejar de dar vueltas en el mismo pantano que nos ha hecho morir tantas veces.

Es esto lo que nos hemos hecho. Es esto en lo que nos hemos convertido. Preferimos seguir creyendo que la felicidad está a lado de alguien en lugar de averiguar qué es los que nos hace realmente felices.  Nos desgastamos las ganas y la vida, y culpamos a los demás por no querernos como nosotros quisiéramos.

Supongo que es por eso que de pronto a tantas personas se les han ido las ganas y sólo viven por vivir, como esperando a que algo maravilloso ocurra “un milagro”; o simplemente se acostumbran a sentirse vacíos y a odiar al mundo entero, culpando al destino por lo que les ha “tocado”.

¿Y dónde queda todo lo que en realidad somos? Ese cúmulo de sueños y planes por realizarse. Esas ganas de hacer cosas nuevas, salir de la zona de confort y atrevernos a amarnos a nosotros mismos. Sí, atrevernos, porque a veces no es tan simple como suena; pero una vez que se logra, es imposible parar.

¿Cómo empezar? Lo averiguarás cuando te hayas cansado. Cuando ahora sí, estés dispuesto a hacer las cosas de manera diferente. Cuando no temas a fracasar. Cuando sueltes a quienes y a lo que te hace daño. Cuando tengas ganas de quererte como nunca. Cuando no te importe perder algunas cosas sabiendo que ganarás mucho más.

La vida es tan bonita cuando aprendemos de ella y comenzamos a ser maestros también.

Escrito por: Mayeli Téllez