¿Qué más podía pedirle a la vida?

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¿Qué más podía pedirle a la vida? Si abría los ojos y ya estabas ahí. No era necesario desear a una persona perfecta, si resultó demasiado fácil enamorarme de cada defecto tuyo. ¿Qué podía pedir que no fueras tú? que sin aviso llegaste y atontaste mi desastroso mundo tan lleno de dudas.

Y llegaste sin culpas, sin prisa, sin tambaleos. Llegaste sabiendo que no podría olvidarte, pero no sabías a qué grado te amaría. No conocíamos nuestra historia y ya la adorábamos. Era como si encajáramos perfectamente en un mundo de piezas de rompecabezas variados.

¿Qué más podía pedirle a la vida? Que no fueran tus ojos bonitos y tu risa contagiosa por cosas tan simples. ¿Qué podía pedir que no fueran tus brazos? Y tus tiernas inseguridades acumuladas por los años. También esos miedos que escondías ante todos, pero ponías en mis manos para que los alejara de ti.

Nada, no podía pedir nada más y, al contrario, debía dar las gracias. Gracias a todo lo que nos hizo coincidir, incluyendo a aquel bulto de errores que al final nos puso en el mismo camino. Debía agradecer por tener la suerte de haberte encontrado y haber disfrutado de cada segundo de tu compañía.

Y debía agradecerte a ti, por ver en mí lo que muy pocos han visto. Por no fijarte sólo en el rojo de mis labios o el tamaño de mi cintura. Por quererme desalineada y con el cabello enmarañado por las mañanas. Debía agradecerte por abrazarme en los momentos malos y escucharme mientras confesaba también mis patéticos miedos.

Debía agradecer incluso al paso del tiempo, que oxida las cosas y hace olvidar. Debía agradecerle por ponerte en el momento justo en que, sin querer, tenía tanto para dar. Y aunque a veces lo detesto por hacer su deber también con nosotros, le doy las gracias, infinitas gracias por dejarme amarte.

¿Qué mas podía pedirle a la vida, que no fueras tú?… sólo una cosa; que no te marcharas.

Escrito por: Mayeli Téllez